Mujeres huercal overa

Los hechos se produjeron a primera hora del pasado 10 de enero, cuando una patrulla de la Benemérita que se encontraba en cometidos de seguridad ciudadana por la localidad de Huércal Overa fue alertada por una vecina de que estaba escuchando golpes muy fuertes en una vivienda cercana y que varias personas gritaban pidiendo ayuda. La mujer manifestó a los agentes que tanto ella, como una amiga y el hijo de esta no podían salir del comedor de la vivienda porque su pareja sentimental las tenía allí retenidas. Al sospechar de un peligro inminente para las tres personas retenidas, decidieron acceder al interior de la vivienda por el balcón en el que se encontraba la mujer pidiendo ayuda.

Para ello, uno de los agentes estacionó el vehículo oficial encima de la acera, justo bajo el balcón, mientras que su compañero, tras varios intentos, logró aferrarse a uno de los salientes y pudo llegar al balcón. Ya en su vejez, María, cogió su primer avión para ir hasta Argentina, allí estuvo tres meses de los que gozó mucho junto a su hermana. Fue a la escuela de adultos, donde disfrutaba pasando las horas. Empezó a trabajar muy jovencita, iba con sus hermanos a pacer las ovejas, a coger oliva, a labrar las tierras, a hacer leña, coger tomillo y esparto, a trillar, con el esparto que cogían se hacían sus propias esparteñas, reutilizando las alpargatas viejas que tenían.

Buscaban alguna romana para poder pesar el esparto y el tomillo que luego cargarían en carros y llevarían a vender el Kg a 1 peseta. Muchos años son los que ha vivido Anica, algunos difíciles de recordar, pero con claridad menciona las vivencias que tuvo, ayudando a dar a luz a muchas mujeres. Le pagaban el taxi y se desplazaba a las casas. Tuvo tres hijos: Teresa, Fernando y Matías.

Anica, se siente muy orgullosa de todos los niños y niñas que ayudó a nacer. Hubiese deseado que existiera la luz y el agua corriente en sus tiempos, ya que muchos adelantos podrían haber tenido. Se fascina con el trabajo que realiza la lavadora, ya que muchas horas de trabajo ahorran. Le tocó ejercer de ama de casa desde muy pequeña, porque su madre estaba siempre enferma, haciéndose incluso cargo del cuidado de ésta. A la escuela apenas pudo ir. A los 20 años, se casó, y emigró a Mataró con su marido, donde trabajó en el campo flores, patata…. Era un trabajo muy duro, en el que las mujeres tenían que rendir a la par de los hombres.

Durante todo este tiempo, consiguieron ahorrar para hacerse una casa en El Puertecico, de lo cual se siente profundamente orgullosa. A su vuelta a España, Isabel continuó trabajando en el campo hasta que se jubiló. A pesar de la dura experiencia de tener que cuidar de su madre, desde muy pequeña, esto la fortaleció y recuerda aquella época con cariño. Sus recuerdos de entonces giran en torno a los pocos juguetes de que disponían en su niñez y cómo las obligaciones familiares la llevaron a ayudar en casa.

No fue al colegio porque tuvo que trabajar en el campo. Ésa era su forma de jugar: A los 27 años se casa con Pedro y se van a vivir al Cortijo de Almagro, donde residen por espacio de quince años y en el que se crían sus tres hijos; Isabel, Inés y Pedro. Esta trabajadora mujer se siente orgullosa de su vida y feliz por la oportunidad que tiene de seguir disfrutando de su familia. Como tenía que ayudar a sus padres en casa, apenas fue a la escuela. Cuando se casó se fue a vivir a la zona de la Era, donde ha vivido hasta la fecha. A Inés también le ha encantado ir de excursión, y conocer lugares nuevos.

Hoy, a sus 82 años, y después de una larga vida de lucha, disfruta de sus hijos y sus nietos, así como de sus clases de gimnasia, a las que no falta ni un solo día. Le encanta coser. Es su vida y su quehacer diario. Isabel nació en Overa un 27 de mayo de Es la quinta de seis hermanos. Como todas las niñas de su época, hacía muchas veces de madre cuidando a sus sobrinos -ella recuerda con especial cariño cuando iba a Palacés Zurgena a recoger a su sobrino Blas.

Lo hacía sola y andando-. Bolillo va, bolillo viene, bordaban, hablaban, comentaban las cotidianas cosas del pueblo, e Isabel crecía en maestría en el encaje. Tiempos aquellos, llenos de recato, en los que ésta era una de la escasas ocasiones en que no estaba mal visto que se juntasen mozos y mozas, e incluso dar un abrazo a un chico.

Recuerda que sabiendo los adelantos de hoy le hubiese gustado tener agua corriente en su casa y una lavadora. Cuenta como, con especial esmero, cuida de sus padres ya mayores junto con su hermana María la Ía Hoy mira con orgullo como ha creado a una familia unida, rodeada de sus hijas, yernos y un montón de nietos y bisnietos.

Sólo pudo ir un mes a la escuela, porque debían ayudar en casa ella y su hermano trabajando en el campo. A pesar de ello, se siente satisfecha y feliz con la vida que tuvo, ya que cuando rememora su historia, sólo tiene buenos recuerdos los juegos con las amigas, los bailes y, sobre todo, la colaboración y el sentido de comunidad que había entre los vecinos, que cree que ahora se ha perdido. Se casó con Eliseo a los 21 años después de seis como novios, aunque se conocían desde siempre porque él era del pueblo de toda la vida.

De aquella época recuerda con cariño cuando su suegra hacía de cómplice colocando un trapo rojo en lo alto de la casa para que ella lo viera desde su casa y supiera que podía ir al baile a encontrarse allí con su novio.

Presidenta al frente del Huércal Overa CF

Dice que esa forma de comunicarse sustituía a los teléfonos que no tenían. Juana y Eliseo tuvieron dos hijos, que les dieron cuatro nietos: Le tocó una terrible época histórica la II Guerra Mundial, aunque como era muy niña, los edificios derruidos les servían a su hermano y a ella de escenarios para jugar. También recuerda la escasez de juguetes, de frutas y la comida racionada. Cuando tenía 18 años, sus padres se separaron, y ella lo pasó bastante mal.

De joven fue muy deportista, le encantaba jugar al voleyball. Tuvo la posibilidad de estudiar, y recuerda sus 32 años de vida laboral como asistente personal de una entidad financiera privada inglesa Merchant Banking, como un precioso regalo. Compartió 47 años con su marido, al que adoraba y echa mucho de menos.

Para ella el avance en la consecución de los derechos de las mujeres se ha reflejado en la posibilidad de trabajar fuera de casa y en la ampliación de la libertad en general. Como hecho significativo destaca que desde hace años en Inglaterra la colaboración de los hombres en las tareas del hogar es bastante alta, si se compara con la situación en España.

Se considera una mujer afortunada, y se repite a sí misma con frecuencia. A pesar de todo, sacaba tiempo para jugar con sus amigas en la rambla y para ir al colegio. Le gustaba ir y sacaba buenas notas. La primera vez que fue a la playa, tenía 14 años. Gabriela, una vecina suya, la llevó a Garrucha. Se casaron cuando ella tenía 22 años. Tuvieron 9 hijos: Solamente venía una vez al año, el mes de diciembre. En esos años nacieron 3 de sus hijas y ella se dedicó a la venta ambulante de frutas y verduras. Vendía en la Plaza de Abastos del mercado de Huércal-Overa. Hace 30 años, fue la pionera, en animar a sus hijos a que se dedicaran a la venta ambulante de frutos secos y golosinas en los mercados de la comarca del Almanzora.

Misericordia tuvo una infancia bastante dura, ya que al fallecer su madre a una edad muy temprana, se crió con su padre y sus hermanas y hermanos. Sin embargo, tuvo una buena relación con ellos, ya que era con quienes compartía los juegos infantiles. Por un revés de la vida a los treinta y un años enviudó, y decidió cambiar el rumbo, así que se trasladó a vivir y a trabajar a Ibiza.

Allí es donde ha permanecido durante casi cuarenta años, trabajando de camarera de pisos y cuidando de sus tres hijos y de su hija, Fernando, Juan Luis, Pedro y Mari Rosi.

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A pesar de haber empezado a trabajar desde muy pequeña, con aproximadamente diez años, se siente muy orgullosa de haber cuidado tanto de sus hijos, y de haber trabajado muy duro para cumplir este fin. Misericordia reconoce que hoy en día la situación de la mujer ha cambiado mucho, y que si pudiera tener alguno de estos avances en su juventud, hubiera elegido estar en su casa con sus padres, tener la oportunidad de asistir a un buen colegio, y vivir tranquila y cómoda. Tiempos en los que, bajo el rol femenino, era difícil ver a una mujer regentar un negocio. Fue la mediana de tres hermanos, a los que entrañablemente recuerda por haber sentido desde siempre la presencia de su manto protector.

Como muchos hijos de Overa en aquella época, creció sin la proximidad de la figura paterna, ya que siendo una criaturica, con la edad de 7 meses, su padre emigró a América. Tendrían que pasar 22 años para que volviera. Mientras, sus abuelos se encargaron de suplir esa carencia, y su madre, incansablemente, trabajó - como ella dice- para que no nos faltara nada. Lógicamente, ella, al igual que sus hermanos, tuvieron que arrimar el hombro ayudando a su madre en los distintos menesteres. Recuerda, con total nitidez, la edad de 7 años, hizo la primera comunión y, tristemente, empezó la Guerra Civil.

De su juventud evoca los momentos pasados junto a sus amigas: Tomasa, Concepción Pero no sería hasta los 18 años cuando empezaría a florecer su corazón, junto al que luego seria su esposo, Diego. Por circunstancias de la vida y buscando un mejor subsistir para la familia, el padre de Julia, a su regreso de América, compró un cortijo en la localidad de Serón, y toda la familia se traslada hacia una nueva vida, envueltos en las labores de la tierra, el ganado etc. Julia se casó con Diego en Serón.

Cuando su hija mayor, Isabel, contaba con.

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Mas otra vez, esta tierra ingrata, pero a la que tanto amamos, haría que la familia se separase, pues su esposo, como tantos hombres de su época, emigró a Alemania. Aquí comienza su faceta empresarial, pues no arredrada por el vacío de su Diego, monta un bar, El Bar de la Julia nace en su casa, con la ayuda de sus hijos y sus hermanos. Julia rememora como Martín pasaba todas las mañanas a las 7: Es una mujer optimista que, aunque ha recibido golpes por los que ninguna mujer, tan amante de los suyos como ella, querría pasar, no pierde la sonrisa.

Esta llena de vida, y así nos lo trasmite. Desde muy pequeña trabajó en el campo labrando, trillando, sembrando, regando… El estallido de la guerra y el período de sequía, que se produjo en aquella época, fueron muy duros; pero a eso la familia de María tuvo que afrontar el que su padre estuviese escondido, porque se vino del frente. Veían como lo poco que conseguían de aquellas tierras yermas, era recaudado por las autoridades. Afortunadamente, el tiempo pasó y las cosas fueron mejorando. María se casa con 22 años, y al tiempo su marido emigra a Alemania.

Aunque nos cuenta que su vida ha transcurrido en 3 kms. Su marido y ella junto con otros matrimonios visitaron Alemania en coche, y también ha estado en dos ocasiones de vacaciones en Argentina visitando a unos familiares. Estos viajes son unos valiosos recuerdos para ella. Si hubiera podido estudiar le hubiese encantado hacer magisterio. Por su experiencia recomienda:. Reconoce que afortunadamente no presenció enfrentamientos directos entre los vecinos, y que a pesar de la escasez, gracias al trueque pudieron sobrevivir.

Apenas tiene recuerdos del escaso tiempo que pasó en la escuela, pero sí de las faenas del campo, recogida de almendra, oliva, trigo, patatas Pero le sirvió de entrenamiento, porque emigró a Alemania con su marido y dejó a sus tres hijos pequeños con su madre. Allí estuvo 15 años trabajando de planchadora en una lavandería.

De esta época, guarda muy bien recuerdo a pesar de estar separada de los suyos. Actualmente sigue llevando una vida activa, participando en los talleres de gimnasia, pasando buenos ratos con sus primas, y con su marido, sus hijos y sus nietos. Aunque no pudo disfrutar de los derechos que tenemos las mujeres hoy, nos dice.

Su vida es como la de otras mujeres de su época. Fue modista y vendedora ambulante, casada y madre de tres hijas. De sus vivencias destaca que tuvo que trasladarse a la Parata al estallar la Guerra Civil y, al finalizar ésta, se vino a Huércal-Overa. Tendría unos siete años. La época de la postguerra, con nueve años, fue difícil y colaboraba con su familia vendiendo cebada los lunes en el mercado. Al volver a casa a eso de las tres de la tarde, comían, preparaba lo del día siguiente y a las cinco iba al almacén a preparar la mercancía que llevaban a vender al día siguiente.

Esta parte, hijas y nietos, son su orgullo, y a sus ochenta y dos años se encuentra bien de salud. Tuvo una infancia feliz en una familia muy bien avenida y estuvo muy mimada. Conoció a su marido con 14 años, en junio de hacen sus bodas de oro, se casó en con 22 años. No ha tenido dificultad con nada en la vida, le ha ido todo bien, de niñas estaban preparadas para afrontar los quehaceres domésticos y su trabajo de amas de casa lo desarrollan muy bien teniendo a su vez hijos felices bien atendidos.

La pérdida de sus seres queridos sí que las ha sentido. La independencia de las mujeres de ahora si que le gusta, no es que ella no haya sido independiente, pero como madre y mujer responsable que cumplía con sus obligaciones se privaba de algunos ratos de ocio. Nació en la posguerra y reconoce que en el campo se pasaban muchas dificultades.

Los labradores estaban mal, no tenían apenas para comer y morían muchos niños. La familia la mimaba mucho por eso su infancia fue feliz y muy agradable, su madre la comprendía y la apoyaba en todo y todas sus decisiones. Debido a la guerra civil no pudo seguir estudiando. Estuvo siempre soltera y en su casa, quedó huérfana también de madre en Juanita, una gran amiga como si fuera su hermana, se vino a vivir con ella. Iba a permanecer con ella solo un mes para que no estuviera sola y mes a mes llevan ya 44 años conviviendo.

Aquí nos recita una de sus poesías:. A ofrecerte señor vengo mi ser, mi vida, mi amor, mi alegría y mi dolor. Cuanto puedo y cuanto tengo Cuanto me has dado señor En cambio de esta alma llena de amor. Pero en su casa no hubo muchas ocasiones para celebrar su nacimiento, ya que su padre se fue a la guerra cuando ella tenía sólo 18 días. A Ana le gustaba la escuela y hubiera deseado seguir aprendiendo, pero sólo pudo ir tres meses porque debía ayudar a su familia.

No tiene la sensación de haber sido nunca niña, ya que su infancia la recuerda trabajando y trabajando; ella y su hermana Isabel en la almendra y sus hermanos Juan y Ginés en el campo.


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En su juventud comenzó a coser en su casa, hasta que se convirtió en modista y daba clases de costura a otras jóvenes de los alrededores. Cuando tenía 20 años, empezó a rondarla Jerónimo, un joven marchante de ganado que al pasar por el pueblo conoció a Ana y se enamoró de ella. Se casaron después de dos años y tuvieron a su hija Ana. Para poder ofrecer una vida mejor a su mujer y su hija, Jerónimo se fue a trabajar a Francia, pero un accidente truncó sus proyectos y Ana tuvo que sacar adelante ella sola a su hija de 22 meses.

Fueron tiempos difíciles, pero ahora se siente orgullosa de haberlo logrado, luchando por darle un futuro a su hija. Actualmente vive en Las Labores con su perra, tiene dos nietos José y Ana Rocío y su mayor deseo es convertirse en bisabuela. También recuerda el respeto a la autoridad que tenían sus padres y que cree que actualmente se ha perdido.

Cuando tenía 10 años, comenzó a ayudar a su padre en las tareas del campo. Y a partir de los 12 años, colaboraba con su madre en las tareas de la casa hacer pan, lavar ropa, etc. En los bailes de juventud conoció a su marido Pedro, con el que se casó cuando tenía 19 años. De su boda recuerda que fue muy sencilla: Después de casarse, su marido emigró a Francia y Cataluña para poder dar una vida mejor a su familia nos cuenta que estuvo ocho meses en Mataró y consiguió ahorrar 8. Actualmente sigue siendo muy activa, ya que es vicepresidenta del Club de Mayores, le encanta viajar con toda su familia, ir a excursiones con las amigas del club y hacer gimnasia y otras muchas actividades.

A los cuatro años, la familia se traslada a Fines, donde permanecen 10 años, volviendo de nuevo a Las Norias. Es la mayor de cinco hermanos, con lo que le toca cuidar de sus hermanos pequeños, incluso cuando jugaba con sus amigas, siempre llevaba cogido a alguno de sus hermanos. Fue poco tiempo a la escuela. Y de su infancia recuerda las responsabilidades que tenía de colaborar en casa tanto en el cuidado de los hermanos, como en las tareas domésticas.

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Tras volver a Huércal-Overa, empieza a trabajar a jornal cogiendo oliva, almendra, cebada Lucía se siente especialmente orgullosa de haber levantado este negocio familiar junto a su marido, y haber sido capaz de mantenerlo hasta el día de hoy. Éste le ha permitido conocer y tratar a toda la gente joven de generaciones y generaciones de Las Norias y de alrededor.

Hoy día su local sigue siendo un lugar de reunión para jóvenes y no tan jóvenes. Su gran sueño hubiera sido ser azafata de vuelo. Su padre se quedó viudo y con cinco hijos y se casó con su madre con la que tuvo dos hijas, a ella y a su hermana Anita, pero cuando tenía cuatros años murió su madre durante el parto. El Guardia les dijo que no volverían a esa casa ya que bastante cruz tenían. A pesar de todas las pesadumbres que ha vivido en su niñez recuerda con mucho cariño cuando se iba a pasear con su hermana Anita por el prado y buscaban mariposas.

En esos momentos se evadía por unos minutos de lo que estaba ocurriendo en aquel tiempo y sonreía como una niña de su edad. Posteriormente su padre murió, y con doce años tuvo que hacerse cargo de la casa, al cuidado de su hermana menor, del cuidado del ganado, también le ha costado mucho educar a su hermana porque no tenia padre ni madre,pero a la vez esta muy orgullosa de ello. Sus hermanos Diego y Miguel volvieron de la guerra cuando terminó, otro de sus hermanos lo mataron en la guerra. Hasta los veinticinco años vivió con su hermano Diego. Fue en la boda de éste cuando conoció a Diego, su marido, que era el padrino de la boda.

Finalmente se casó con Diego y celebraron su luna de miel en la playa con su cuñada, fue un día inolvidable ya que Isabel se había casado con la persona que amaba,. A los once meses de casados Isabel se puso enferma del estómago. A los dos años de estar casados nació su primer hijo, Cristóbal, después con cuatro años de diferencia nació Anita y finalmente a los tres años nació Alberto, ya la familia había aumentado.

La situación económica mejoró gracias al trabajo de su marido Diego,que trabajaba duro para que a su familia no le faltase de nada. Posteriormente a su marido le ofrecieron ir a trabajar a Alemania, ya que en España había muy poco trabajo y decidió emigrar a Alemania, todos los meses le mandaba un giro de dinero a España para que su familia pudiese vivir un poco mejor, y trabajó cinco años en Alemania.

Como cada semana su marido le escribía una carta, pero se dio cuenta de que la letra de esa carta no era la suya, a la semana se entero por un compañero de su marido, que vino a España, que era de uno de sus hermanos, porque él con el corte no podía escribir.

Su marido Diego estuvo quince días hospitalizado en el hospital de Alemania. Diego consiguió trabajo en los pozos que hicieron en el Saltador, los cuales vino Franco a inaugurarlos y así podía ayudar a su familia económicamente, en aquellos tiempos tan duros. Isabel se encargaba de cuidar a sus hijos y de las tareas del hogar, aunque también ayudaba a su marido a cultivar las tierras, entre los dos plantaron melocotoneros, parras, olivos… A los dos o tres años con el dinero de la cosecha se compraron un tractor para poder labrar bien las tierras.

Pasaron unos años y se compraron su primer coche, un Renault 4L amarillo, que lo utilizaban para llevar la fruta a los mercados de los alrededores. Isabel se levantaba todos los días a la cuatro de la mañana para cargar la furgoneta con la fruta y la conducía su hijo el mayor, porque ella no tenía carné de conducir. A sus 87 años nos cuenta lo que recuerda de su vida, a pesar de que no es una persona autónoma, ya que tiene poca movilidad en sus piernas y no pueden andar sola, podéis comprobar que tiene buena memoria.

Recuerda sus días en la escuela, donde por las mañanas aprendía a leer, escribir, y con especial cariño las tardes de labores costura, bordados,.. De su estancia en Tíjola recuerda la tristeza en la que se sumió la familia por la pérdida de su hermano, siendo éste muy joven. A los 22 años vuelve a Huércal-Overa, hecho que le hizo mucha ilusión, porque Amparo siempre ha querido profundamente a su pueblo.

Se siente especialmente orgullosa de haber ido a la Escuela de Educación de Personas Adultas, donde obtuvo su título de Graduado Escolar. Viajar ha sido para ella una de sus grandes ilusiones, así como el colaborar con muchos colectivos huercalenses, que han tenido la oportunidad de conocer a una mujer activa, positiva, y como ella misma dice. A los 24 años se casó y tuvo un hijo y una hija. Para ella, esto ha supuesto una gran ayuda, ya que le ha facilitado mucho la vida tanto en lo familiar, como en lo laboral. Tras su jubilación, Felicia participa en los talleres de bordados, pintura, gimnasia… del Club de Mayores, se ocupa de su marido, y pasa tiempo con sus hijos y nietos.

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Es un orgullo para ella haber podido sobrevivir a base de trabajar duro, hacerse una casa y haber sacado a sus dos hijas adelante, sin verse obligados a emigrar a otras tierras en busca de un futuro mejor como le ocurrió a tanta gente de su generación. Sus años en la escuela los recuerda con cariño.

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Tenía muchas amigas y muy buenos maestros. Desde que cumplió 9 años, por las mañanas iba a la escuela y las tardes las dedicaba a trabajar en el campo, al igual que hicieron el resto de sus nueve hermanos. El mejor momento del día era cuando ella y sus amigas compraban la merienda y se juntaban a merendar en la calle. Cuando tenía 14 años, acabó la escuela y empezó a aprender a bordar con María la hermana soltera del maestro , a lo que se dedicó hasta que se casó a los 22 años. Su marido Jerónimo la rondó durante cuatro años.

Al principio se veían en los bailes y luego él la visitaba en su casa los miércoles y los domingos. Luisa y Jerónimo tuvieron dos hijas, que les han dado 3 nietas y un nieto. Recuerda que, a pesar de todo lo que tenían que trabajar en aquellos tiempos, cuando terminaban la jornada dejaban todo y decían:. Su padre murió en la guerra, y su madre sacó adelante a ella y sus hermanos, con la ayuda de los abuelos. También ayudaba en casa. Aprendió a coser y bordar. Y participaba en la siega, donde solía cantar mientras trabajaba. Inés ha vivido toda su vida en El Saltador.

Tiene escasos recuerdos de su infancia, pero entre ellos se encuentran: Con nitidez argumenta un día en el que hubo bullicio y sacaron a la virgen de la ermita para poder esconderse varios hombres con sus burras, quedando dentro para no ser descubiertos. Subsistían con víveres que encontraban alrededor de la ermita. Estaban en plena Guerra Civil, y debían de tener cuidado con todo, en lo que hacían y decían. Inés en su juventud recuerda cómo alegremente iba con su hermana a la feria de Huércal-Overa, y a las fiestas de Las Norias y de Góñar.

Con 19 años se casó con su primo José Antonio Parra Ballesta, celebrando la boda en casa de sus padres con lo poquito que tenían: Inés ha dedicado toda su vida al trabajo del campo y a vender en la plaza del pueblo, los lunes de mercado, lo que cosechaba en sus huertos. Le hubiese gustado tener cuando era joven la luz y la lavadora, medios que le hubiesen facilitado muchos lavados de ropa a mano de sus cinco hijos. Te cuenta las cosas de forma muy campechana como ella misma es. Acompañada de su madre iba a Huércal-Overa a comprar al mercado. Durante la guerra, toda la familia se trasladó a Barcelona, donde pasaría la otra parte de su niñez.

Allí se divertía con su hermano pequeño Ginés. Multitud de mascotas participan en la 'Feria Canina Ciudad de Vera'. La Feria Almanzora Gourmet clausura con gran éxito en Cuevas. Las cifras avalan el …. Dentro de las actividades conmemorativas del día Mundial de Concienciación sobre el Autismo las concejalías de Infancia y Juventud y la de Igualdad y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Vera ….

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